
Ángeles sin alas
31/01/2026
Avanzando las obras 15-2-26
15/02/2026Un amigo verdadero

Queridos niños:
Hoy quiero hablarles de alguien maravilloso que los ama muchísimo: Jesús, nuestro Salvador.
Jesús tiene un corazón tan grande que en él caben todos los niños del mundo, con sus risas, sus juegos, sus miedos y también sus lágrimas. Él los conoce por su nombre y nunca, nunca se olvida de vosotros.
Jesús fue niño también. Sabe lo que es sentir cansancio, dolor y tristeza. Por eso, cuando un niño está enfermito, Jesús se acerca todavía más, muy despacito, como cuando mamá o papá se sientan al lado de la cama y toman la manita con cariño. Él está ahí, aunque no lo veamos, cuidándolos con un amor infinito.
A los niños que están en el hospital: Jesús los mira con ojos llenos de ternura.
Cada pinchazo, cada noche difícil, cada momento de miedo, Él lo ve y los acompaña. Jesús es como una luz suave que no lastima los ojos, pero que calienta el corazón y da paz.
Cuando sientan dolor, pueden hablarle en silencio y decirle: “Jesús, estoy aquí”. Y Él les responderá con su amor.
Jesús es nuestro Salvador porque nos da esperanza, porque nos recuerda que no estamos solos y que después de la noche siempre llega la mañana.
Él abraza fuerte a los niños valientes, a los que sonríen aunque les cueste, y también a los que hoy solo pueden descansar.
Confíen en Jesús. Déjenlo entrar en su corazón como a un amigo muy bueno que nunca se va.
Él los cuida, los protege y los llena de su paz.
Que Jesús los bendiga, los envuelva con su amor y les regale descanso, fuerza y mucha esperanza.
Amén.

